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domingo, 29 de mayo de 2011

A Marcos Ana



Tiemblan las pisadas,
Por un puño de hierro.
Y se desgarra el alba,
Cuando los jueces,
Declaran la sentencia.
El sueño permanece,
Invicto en libertad,
Pero más allá de esos muros,
El poeta se queda atrapado,
En una rutina de silencio.
La celda, los grillos,
Que cantan al amanecer.
Se abren los ojos,
Y el nuevo día recuerda,
Que aún queda quien lucha.
Los barrotes son fértiles,
Y se reproducen,
Gracias a los ¡Hijos de puta!
Que imponen la condena.
Hoy un nuevo día, espera,
Un nuevo día que anochece,
De lejos las botas amenazan,
Tiemblan las pisadas.
En su mirada no hay desidia,
En su mirada queda esperanza.

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