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viernes, 12 de agosto de 2011

Poemario

I El hombre

Soy dueño de un silbido que vuela,
Soy el despertar de lagos abismales
Soy serpiente venenosa que repta
Soy el que inyecta veneno en la tierra,
Soy sangre derramada y polvo,
Soy ceniza blanca y vida,
Soy el que busca ciudades de oro,
Soy el que abre la puerta al sol con el alba,
Y apaga las luces en la oscuridad de la noche,
Soy todo, soy nada, soy el hombre, soy las palabras.
Soy…

II (Fragmentos de segundo)

I
Escapa la realidad, y tu mirada acude a mí,
Como una foto del pasado otoño, y tu rostro,
Se refleja sobre este campo de ilusiones.
Renace como las flores de los almendros
Y de repente las noches son menos frías,
Y los días más grises son los menos.

Un rayo de luz invade esta húmeda pradera,
Que sueña contigo y nota el paso de las horas,
Convertido en segundos por imaginar tú pelo,
Convertido en arroyo que baja por la ladera.
Y me doy cuenta de que apenas te conozco,
Y mis sueños se van en un barco de botella.

II
Vuelvo a la realidad y nada tiene sentido,
Parece que sigue hacia donde vas tú,
¡Que no!, ¡que no!, no se si puede esto ser,
O dejar de ser, estoy echo un lío,
Que quiero o no quiero dejarme ver,
Que si te veo se aceleran mis latidos…

III
Vuela mi imaginación hasta el umbral de todo,
Y en los bordes del abismo no hay tiempo
Va más allá de ti, de mí, del cielo, del lodo.
Me encuentro un hombre, no sabe que decir.

El reflejo del sol hace que me sienta pequeño,
Y en medio de esta soledad, comienza el inicio.
Trepo a los árboles en busca de serpientes,
Y le tiro manzanas a la mujer que pasea.

Voy corriendo por el jardín del edén,
Saltando las normas de los privilegios, y robo,
El secreto que tiene la rareza de su génesis.
Robo, mato, follo, pervierto los seres de la creación
Y me quedo con aquel que dice escribir,
Los cuentos que nuestras mamas nos contaban.
Estamos refugiados en la venganza de Caín.

IV

Los ojos bien abiertos, que ha llegado la princesa,
Y no hay tiempo para hablar sobre cuentos.
El brillo de sus ojos me inspira por un instante,
Y crecen de nuevo en el campo las amapolas.
Si me devuelve la sonrisa prometo arrodillarme.
Aunque no haya hablado casi nada contigo,


No hay más palabras que quiera decirte,
Y en este fragmento de segundo, los aires soplan
Viento a favor de un corazón que quiere latirte.
Un corazón, que por más que quiera, no tiene ojos,
Por eso los sentimientos son siempre ciegos, sordos…


V
Un rayo de luz invade esta húmeda pradera,
Que sueña contigo y nota el paso de las horas,
Convertido en segundos por imaginar tú pelo,
Convertido en arroyo que baja por la ladera.
Y me doy cuenta de que apenas te conozco,
Y mis sueños se van en un barco de botella.

III El silencio 1

Tenebrosa calma que tortura los oídos,
Y hace dudar del valor del silencio,
Hace creer que en el fondo no soy nada,
¡Es verdad! Oigo tu nombre a lo lejos
Perdido entre la espesura de la niebla,
Pero no es mucho, solo son palabras,
Solo latidos de árboles desnudos,
Solo gaviotas que chillan al alba.
El barco echa el ancla y se queda atrapado,
Se queda atado al calor que desprende
El remolino de tus mágicas aguas.
La ciudad cambia de noche
Y delante del espejo un señor me habla,
Me dice que no sabe si estas ausente,
Si tu voz calla porque no quiere estos versos,
Si de verdad podré subirme a la rama.

III El silencio 2

Se lava la boca con jabón,
Enternece a la bestia más fiera,
Más ve que al fondo de la cuestión,
Tiene armas y no son de seda.
¡Que profundo es el corazón!
Ya sabes, carentes de maletas,
Entre tanto es mejor un adiós,
Que un no sabe no contesta.
Le va un pañuelo de estación,
Sin quedar a la hora concreta,
Pues en el tren en el que voy yo,
Prohíben despedidas teatreras.

IV
Está el alba mecida en
Un suspiro de libertad
Y el viento vuela y corre,
En las montañas de cristal.
Encuentro un punto de apoyo
En el reflejo de tus ojos,
Y aquí junto al mar,
Estoy cada vez más cerca
De escapar de todo.
Me pregunto donde estarás,
En este silencio crudo.
Solo quiero encontrar calma,
Y poder ir más lejos,
Lo más profundo de mi alma,
Saber que todavía sueño,
Que el águila que un día
Se estrelló contra el suelo,
Ha cicatrizado las heridas,
Y ha recuperado el vuelo.

La noche:

Sube el calor entre restos de tranquilidad,
Las luces de Madrid se mezclan
Con el silencio de una casa en calma.
Los soplidos de alguien que duerme,
El reloj da las tres de la madrugada,
Y los versos de Cortazar iluminan la plegaria.
Un violín acude a la llamada,
La orquesta empieza, y suenan las campanas,
El estruendo estalla, las bombas, los timbales,
Y de nuevo, brota la noche,
Tras el cristal de una ventana,
Y se hace el silencio, chss la gente duerme en sus camas.

V La poesía:

Más derecho que una vela,
Menos que el cuento del mártir.
Estuve destinado en la escuela,
A tender mis alas sobre el lápiz,
Aquí quien corre, no vuela,
Y pronto se me hizo tarde,
Así que obtuve la quimera,
Domesticando el papel de salvaje.
Después vino el eclipse de luna
Contando que el sol, se fue de mí calle,
Así que metiéndole mano a alguna,
Gané el diploma de cobarde.
Con el tiempo fui madurando,
Y los hechos se volvieron realidades.
Ahora el mar me da trabajo,
De aquellos que pocos saben.
Dos verdades de odas dormidas,
En un lecho que el infinito abre,
Y por eso no se ve la vida,
Escondida tras un sucio traje.
En fin, no se si esta despedida,
Sirve para el que hace,
Que en todos habite la poesía,
Y entiendan lo que no entiende nadie.




VI


Levántate y anda,
Se como el que no tiene sitio,
se como esa mañana
que siempre amanece.
!Vamos corre! levántate y anda,
Que pronto vendrán
Buscando sed de venganza
Vamos se como Lázaro,
Se como el estruendo que derriba montañas,
Como el huracán que vacía los mares.
!Vamos! y ahora el latir,
Respira, crece, brota
Se como el alba
Como la noche estrellada,
Vamos, despierta sal de tu casa
!Vamos! levántate y anda.

VII (La tierra y el agua)
El agua
-¿Alguna vez has oído crecer a los árboles?
O los ruidos de la cabeza no nos dejan escuchar
El silencio de los sabios y la visión de los colores,
Dime, ¿Es cierto que el camino se hace camino al andar?

La tierra
-Detesto el punto fijo de las flechas
Y las preguntas que siempre tienen respuesta
El camino sin desvíos
Y la prisión de las promesas.

El agua
-¿Y si mañana caemos
y así se cierra el ciclo
y volvemos a nacer
Saliendo de nuestro nido?
La tierra
Entonces gritare
Y me haré más fuerte,
Caminare lejos y nunca volveré.

"Y así se hizo Septiembre".

1 comentario:

  1. Esta publicación me ha encantado.Cada palabra me ha llegado al alma. cada frase ha hecho que mis ojos no se despegaran buscando más, el corazón latia rápido y despacio al mismo tiempo, la respiración fue profunda, y los sentimientos y emociones a flor de piel estaban... hacia mucho que no leía cosa igual. Increíble Rebollo, me has sorprendido.

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